El reloj

Era un reloj muy extraño. Acataba las reglas de la matemática a la perfección. En una recta de tiempo, el mismo corre de izquierda a derecha sumando años y de derecha a izquierda restándolos. Hacia la derecha el futuro, a la izquierda el pasado.
Este reloj avanzaba el tiempo del 9 al 3. Y hacía lo hacía retroceder desde el 3 hasta el 9.
Entonces por un tiempo ellos se conocían, se amaban y se peleaban, y luego, por la misma cantidad ellos se amigaban, se amaban y se desconocían.
No importa, siquiera, en qué dirección corra el tiempo, en el medio siempre va a estar el amor.

1 comentarios:

 Oscar d'Oliveira dijo...

Eh, Fabián! ¿todavía escribirás?
Perdón por la necesaria desilusión: seguramente te pasa come mepas... digo aquello de esperar que el comentario venga de una ella, de esa ella pródiga en imperturbabilidades.
Me gustó mucho la saga del reloj, y me gustó más que en el medio siempre estuviera el amor.
Por supuesto, Dolina ahí, tan necesario que arriesgaría: "No se puede escribir bien -o intentarlo- sin haber leído y escuchado al Negro"
Otro perdón por no ser la que debía comentar.
Un abrazo te manda este escriba peor que en sequía... en desinterés.
Y te sigo leyendo.