El 15, a la hora del desayuno, hablando de cama a cama, Violeta me dijo:
-Hoy podríamos hacer una excursión con Don Leopoldo.
-De acuerdo -contesté.
-Podríamos almorzar en las sierras.
A lo largo de la vida he comprobado cuánto agradan los pic-nics y toda suerte de meriendas campestres o, por lo menos, incómodas, a las mujeres. Yo vuelvo de tales paseos con dolor de cintura, con dolor de estómago, con dolor de cabeza, con las manos sucias. Exclamé:
-¡Idea excelente!
La respuesta fue sincera. Un pic-nic con Violeta fatalmente dejaría buenos recuerdos. El norte de mi conducta, sobre todo cuando estoy con una mujer, es lograr abundancia y variedad de recuerdos, ya que éstos constituyen la parte durable de la vida.
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