Cuak!

La ví y supe que era para mí. Supe que era tan dulce! Mi corazón se aceleró y sentía un cosquilleo en la panza. Me aproximé a ella, pedí por su mano y la tomé entre las mías. Saboreé sus labios tan dulces, su piel bronceada. En un revuelo de besos terminó en mi boca, casí deshaciéndose al instante. Pronto se internó dentro de mí. Y así todo concluyó, como muchas otras veces, cuando ella estuvo por completo en mi interior, cerca del corazón. Siempre recordaré su aroma y su sabor, pues nunca antes había probado tan exquisita Berlinesa.

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