Tanto tiempo te dejé fuera de casa, floreando cada vez más el jardín. Siempre tuviste la llave, pero yo cada tanto cambio de cerradura y salgo por ahí.
Siempre paseando por amplias y coloridas, aunque aburridas, avenidas de amores baratos y zapatos nuevos. Pero cuando se presenta un callejón, una cortada o un pasillo no me atrevo a cruzarlo entero. Siempre le confío al destino la posibilidad de que un día sin saber cómo vuelva a encontrarme en el medio del pasillo y seguirlo hasta el final.
Sé que el destino no es de confiar, pero yo tampoco lo soy y siempre es más fácil delegar a otro las responsabilidades y preocupaciones.
Creo en algunos momentos en el destino. Aunque me parece que habría que hacerle un control de alcoholemia, porque parece estar manejando borracho hace un tiempo.
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2 comentarios:
..y confiar en el destino nos resuta fácil cuando no queremos hacernos cargo de lo que está pasando. Es mucho más fácil así. Si fuera por mí lo haría todo el tiempo jeje.
Bueno ha sido un gsto pasarme por ete lugar, voy a seguir leyendote o leyendolos (no sé cuantos son los que escriben el blog). Un abrazo, Diego
Re que te lindo señorito! No sé si será suyo porque suele publicar sin permiso.. ja! Pero me re gustó...
Pff! El señor Destino! Se la dá de gran sabelotodo y sólo sirve para delegarle lo que no entendemos o lo que no queremos asumir... Nunca sabe hacerse cargo del hoy, siempre pensando en un mañana...
mbyam!
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